En la playa estoy divina

En la playa estoy divina
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Siempre me han fascinado las amigas que van de punta en blanco a la playa y que salen por la noche como si de una cena de gala se tratara, impolutamente vestidas, peinadas y maquilladas y que luego, además, suben la foto a Facebook, por supuesto. Viendo tales fotos observas o deduces que se han llevado secador de pelo, planchas para el pelo, vestidos, zapatos, pareos, sombreros y bikinis variados, sillas para la playa, esterillas, sombrilla, cámara de fotos, palo de selfie, los niños y el perro. Algunas incluso son capaces de ir en avión así.

 

A mí me da mucha envidia, no sé si sana o insana, y sobre todo mucha incredulidad. Yo soy la típica madre agonías que contempla todos los imprevistos que pueden surgir y lo primero que echo en la maleta son los productos estrella “valen para casi todo” para niños: árnica por si se dan un golpe –algo así como el pan nuestro de cada día -, agua oxigenada y spray para heridas y arañazos por lo mismo, tapones para los oídos porque la pequeña coge otitis con oler la humedad, crema de protección solar, crema aftersun, gafas de bucear, camiseta solar para no estar todo el rato dando crema cada vez que salen del mar, que suele ser 18 veces al día, colirio para los ojos porque se nos olvida o nos les da la gana ponerse las gafas, polvos de talco para la irritación que provoca la arena en esos dichosos pliegues de piel que están en contacto con el bañador, paracetamol e ibuprofeno por si se ponen malos, gorras para protegerse del sol, cangrejeras, redes de pescar para coger esos cangrejos, chanclas, varios bañadores para cambiarse, pulseras anti-mosquitos, crema para las picaduras de mosquitos porque las pulseras no han hecho nada, pastillas de las que se ponen en los enchufes anti-mosquitos(sí, odiamos y tememos a los mosquitos), pulseras identificativas con nuestros datos por si los niños se pierden en la playa, sábanas por si las del apartamento tienen pelotillas, y una amplia variedad de juguetes y manualidades para intentar que no se aburran demasiado durante el viaje y no me den ganas de tirarme por la ventanilla del coche.

 

En el espacio que queda en la maleta y bolsas varias apenas puedo meter cuatro camiseturrias viejas, dos pantalones cortos, un vestido playero, una camiseta de manga larga por si refresca por  la brisa marina nocturna, unas chanclas, la ropa interior y un neceser mínimo. Por supuesto, ya cuento con que llevaré durante toda la semana un peinado encrespado a lo afro que seré incapaz de controlar porque no me cabe ni el acondicionador, ni la mascarilla, ni la espuma ni la crema control de rizos. Ya no hablamos de secador ni de plancha. Me conformo con un cepillo pequeño, que es al menos es anti-tirones, con mi crema hidratante y mi tónico, eso no lo perdono aunque tenga que ir con la misma camiseta todos los días.

Pero tengo que decir que he aprendido después de volver de nuestro último viaje a la costa quemados, porque no han permitido que les pusiera crema ni la camiseta, llenos de picaduras de mosquitos por lo mismo, con los ojos irritados porque perdieron las gafas de bucear el primer día, y con las pulseras y todas las medicinas intactas porque al menos ni se perdieron ni se pusieron malos un solo día.

Así que a partir de ahora voy a ver Tiburón antes de ir a la playa, voy a tirar todos los potingues y cremas que no sean las mías faciales y corporales, y voy a echar en la maleta todo aquello que me haga sentir bien conmigo misma, voy a disfrutar más del momento y preocuparme menos por lo que pueda pasar, y puede que hasta eche el secador de pelo.

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Buen verano para todos!

 

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