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Virus al acecho

Virus al acecho
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La vuelta al cole implica muchos cambios en los horarios y rutinas familiares, y con ello, sentimientos contradictorios. Para algunos significa incluso la depresión -banalizando, con perdón, el término- porque trae consigo prácticamente el fin del verano, del buen tiempo, de las vacaciones, de los horarios más relajados, del no tener que mirar el reloj mientras te estás tomando una caña en una terraza, de ir medio desnudo por casa –y a veces por la calle-, en definitiva, de unas costumbres más laxas.

 

Sin embargo, para otros, esto es precisamente lo que están esperando como agua de mayo: el fin de unas jornadas interminables, la vuelta a unos horarios más razonables y a la bendita rutina, a acurrucarse en el sofá delante de la tele con una mantita, a los juegos de mesa en familia, a hacer bizcochos en familia, y otros emocionantes planes. A mí, personalmente, el fin del verano me da un bajón de impresión, así, con rima y todo: las tardes tan cortas, el frío, y a partir del cambio de hora a finales de octubre mi único deseo es hibernar cual oso.

 

 

 

En cualquier caso, para amantes del libre albedrío o de los planes más estrictos, el cole acarrea casi siempre unas consecuencias muy molestas con las que sí estamos todos de acuerdo: los mocos, las bronquiolitis, los resfriados, las gastroenteritis, y casi todo lo que acaba en –itis. Incluso aparecen alergias a las cosas más insospechadas que mis hijos nunca habían tenido antes. Lo ideal es evitar enfriamientos y abrigarse bien, desde aquí os invitamos a que echéis un vistazo a las sudaderas iguales mamachula aquí para ir calentitos este invierno ya que contra los virus no se puede hacer nada solamente confiar en nuestras defensas.

 

Si me permitís un consejo de abuela, os recomiendo la jalea real y el polen para reforzar el sistema inmunológico previamente a la aparición del frío y los catarros, y si ya han hecho mella en ti, el propóleo es un remedio maravilloso para los males de garganta. Y si echas un trocito de zanahoria en miel y te tomas una cucharada con el néctar que se forma en esa mezcla, ni te cuento. Las abejitas, ¡que son imprescindibles para la vida en el Planeta!

 

Las cosas se pueden complicar más si a tus hijos les cuesta los cambios, adaptarse a nuevos horarios, e incluso a profesores y compañeros. Algunos peques están deseando de reencontrarse con sus amigos, y todo lo que ello implica de juegos y aprender. Pero para otros no resulta tan sencillo, e incluso pueden experimentar ansiedad, lo cual habría que consultar con un profesional si persiste.

 

Pero sobre todo, hay que hablar con ellos, y más aún, escucharlos, descubrir cómo se sienten, si están cómodos o tienen algún tipo de problema, ya sea con compañeros o profesores, o de tipo lectivo. No hay que dramatizar, pero tampoco debemos ignorar o tomar a la ligera sus sensaciones, pueden ser síntomas de algo más, y en cualquier caso, nunca está de mal escuchar a los más pequeños y animarles a expresar sus sentimientos.

 

Para otros, sencillamente, es complicado volver a acostumbrarse a estar sentados durante horas entre cuatro paredes, hay niños movidos y tranquilos, y esto siempre ha sido así y será así por los siglos de los siglos, por mucho que se empeñen algunos formadores en tratar a todos por igual. No lo son, ningún niño es igual a otro, y cada uno necesita su propia adaptación y atención.

 

Pero chicas, lo conseguiremos, siempre lo hemos hecho, y juntas más aún. Escúchate y cree en ti, y escucha a tus hijos. 

 

 

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