Navidad Carpe Diem

Navidad Carpe Diem
haga clic para ampliar

Las Navidades despiertan en mí sentimientos contradictorios. No se puede decir que me encanten, pero tampoco las odio. De pequeña me volvían loca, por supuesto, sobre todo porque suponía reunirme de nuevo en el pueblo con mis primos, a los que no veía desde el verano. Solo éramos 7 entre mis padres, mis tíos y nosotros, pero montábamos unas fiestas que a mí se me antojaban fiestones. Poníamos luces de colores, música a todo trapo y cantábamos y bailábamos como si estuviéramos en una discoteca. Luego íbamos a “la Peña”, el local municipal que se usaba para eventos variopintos, a seguir la fiesta.

En la veintena también me lo pasé pipa, saliendo con mis amigos por Malasaña o yendo a fiestas en casas de amigos o en bares. Conforme íbamos creciendo, muchos de mis amigos se fueron a vivir fuera, otros se casaron y tuvieron hijos, y entonces las fiestas con amigos pasaron a ser familiares, que también están muy bien y pueden ser muy divertidas, pero yo añoro aquellos días en los que hacíamos un montón de cosas juntos y nos lo pasábamos genial con 200 pesetas en el bolsillo, simplemente por el hecho de estar juntos, sentirnos libres y con toda la vida por delante.

Con el tiempo yo también tuve hijos, y qué duda cabe que la Navidad es muy especial con niños, se viven de otra manera muy distinta, pero a la vez muy intensa, con mucha ilusión y amor, sobre todo cuando son pequeños y ves sus ojos abiertos como platos y sus caras de asombro y estupefacción ante casi todo: las luces de colores, los enormes abetos decorados, los belenes monumentales dispuestos por la ciudad, y sobre todo, claro, los regalos que han traído Papá Noel y los Reyes Magos…

Y en casa también todo parece más entrañable: hacer el Roscón de Reyes, el chocolate, un bizcocho casero, una cena especial pensada con amor para disfrutar con la familia, dibujar y pintar las postales navideñas y colocar los adornos navideños por toda la casa, montar el belén y el árbol de Navidad, o disfrazarnos para la tradicional foto de familia muertos de risa para enviar a nuestros familiares y amigos.

 

navidad2

 

Sin embargo, no puedo evitar sentir un contrapunto agridulce cuando me acuerdo de los que ya no están, abuelos, tíos, amigos…; cuando pienso en los amigos que este año tampoco veré; el estrés de compatibilizar el trabajo con las vacaciones escolares, las compras navideñas, los actos familiares y festivos…

Menos mal que en esos momentos en los que me quedo pensativa, sentada sola mirando al vacío, recordando aquellos momentos o seres queridos que nunca volverán o, simplemente, a los que extraño, viene mi hija pequeña, me mira con esos ojos que parecen que todo lo entienden y que todo lo dicen sin decir nada, me da uno de sus abrazos de oso y sus besos de vaca y me susurra al oído “te quiero”, y entonces vuelvo a disfrutar del presente, del hoy y el ahora, que es lo que tenemos que hacer cada uno de los días de nuestra vida, sea Navidad o no.

 

3

 

Mamachula os desea una muy Feliz Navidad!!

Y a disfrutar del presente mientras se pueda!

 

Enviar un comentario nuevo


Introduzca el código de la imagen arriba