Amor de madre

Amor de madre
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¡se acerca nuestro gran día, Mamachulas! Y por eso hay que celebrarlo por todo lo alto: en familia o con amigos, en casa o en la calle saliendo a comer o a cenar, de excursión o preparando una comida rica o un postre especial, o… ¡dejando que nos lo preparen y disfrutar!

 

Sin embargo, en esta fecha, más que pensar en mí misma como madre, me acuerdo sobre todo de la mía: en mi relación con ella y en cómo se ha ido transformando a lo largo de los años, en “nuestros más y nuestros menos”, pero también en todo lo que me ha ayudado y cómo siempre ha estado ahí para levantarme cada una de las veces que he metido la pata o he tirado la toalla, y han sido unas cuantas…

 

Me vienen a la cabeza multitud de imágenes de cuando me caía de pequeña y me cogía en sus brazos hasta que me calmaba; cómo me soplaba la herida para que no me escociera tanto; cómo me ponía un trapito empapado en agua sobre la frente cuando tenía fiebre; cómo se sentaba al lado de mi cama hasta que me dormía cuando me despertaba gritando por culpa de una pesadilla; los largos paseos por el parque; y cuando abandoné el nido familiar, sus llamadas regulares para ver cómo estaba, y cómo adivinaba cada vez que la mentía y le decía que no se preocupara, que estaba bien; sus tuppers que me salvaron tantas veces de la inanición; cómo me dio ánimos en mis males de amores, y tantas y tantas otras veces que no cabrían en un solo post.

 

Y por eso aunque ella insiste en que no la regale nada, porque dice que ya tiene de todo, me hace ilusión pensar en qué le hará más ilusión, qué le sentará bien, qué necesita… Y cómo agradece cualquier pequeño detalle… Sin embargo, tiene toda la razón del mundo cuando dice que su mayor regalo es que estemos con ella (sobre todo sus nietos, para qué nos vamos a engañar) y que estemos todos bien. En fin, ¡que madre solo hay una!

  

Mamachula os desea feliz día!

 

 

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