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Aire fresco

Aire fresco
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Aunque me considero urbanita, de vez en cuando siento de manera irremediable lo que yo denomino muy exageradamente “la ley de la selva”, que no es ninguna escapada a lo salvaje y desconocido, sino algo mucho más mundano y asequible: una simple escapadita al campo, bien sea un fin de semana o una sencilla excursión de un día. Cuando me siento agotada, estresada, con los nervios a flor de piel, siento la imperiosa necesidad de volver al lugar de donde todos procedemos, el hábitat primigenio del ser humano.

 

Para mí, no hay nada como la Naturaleza para oxigenarte, renovarte, volverte a sentir en contacto con tu yo más íntimo. Unas cuantas horas andando rodeada de montañas y árboles me devuelven a casa agotada pero también pletórica, feliz, con las pilas cargadas a tope y con el espíritu joven como el de una niño.

 

 

Cuando paso demasiado tiempo sin poder hacer mis “pateadas” debido a citas familiares, sociales o deportivas varias (partidos del niño, cumpleaños de amiguitos, reuniones familiares, estudios, etc.) empiezo a sentir que algo me falta, que no es otra cosa que el mismo aire, pero del sano. A veces echo tanto de menos volver a sentirme pequeñita bajo el inmenso cielo azul y la abrumadora presencia de las montañas y los árboles.

 

No hace falta irse muy lejos, todos tenemos cerca de casa paisajes y rincones preciosos a los que acudir aunque sea por unas horas, y siempre hay sitios nuevos por descubrir, sorpresas que nos depara cada recodo del camino. Y una de las más grandes que me he llevado en los últimos años – confieso avergonzada que  ha sido reciente- fue descubrir los Pirineos.

 

Nunca antes la Naturaleza me había sobrecogido de tal manera con esas imponentes y jóvenes montañas que cortan el aliento, esos fértiles y valles rebosantes de agua y vida, con los animales de granja pastando libres por doquier. Es una droga. Y que conste que entre mis recursos naturales favoritos incluyo el mar, que también me parece fascinante, relajante, misterioso.

 

Por no hablar de mi pueblito, el lugar de donde proceden mis padres, mis abuelos, mis antepasados, mi lugar en el mundo, donde me siento más yo y más en paz conmigo misma de todo el Planeta, al que siempre retorno como un Ulises desorientado. Pasear por sus campos me devuelve a mi niñez, mi adolescencia y a los momentos más felices de mi vida. ¡Qué suerte los que tienen pueblo!

 

 

Os recomiendo tres casas rurales que me parecieron especiales por algún motivo, bien por ser perfectas para familias, o por su ubicación, sus caseros excepcionales, su decoración, o sencillamente por permitir animales, porque nosotros vamos con nuestra perra allá donde sea.

 

En cualquier caso, vayáis donde vayáis o de la forma que vayáis, recordad que lo importante es mantener siempre viva la curiosidad por descubrir nuevos lugares, seguir aprendiendo y conociendo nuestro vasto mundo, sus rincones y sus gentes.

 

Mamachula os deja aquí abajo algunas ideas chulas para viajar con niños

Casas rurales

http://www.boticagomelia.com/  (Burgos)

http://lapizarranegra.com/  (Guadalajara)

http://www.balcondelpirineo.com/  (Huesca)

Multiaventura

https://solazdelmoros.com/portfolio/pinocio-parque-de-aventuras/  (Segovia)

Granja escuela

https://www.granjaelalamo.es/ (Madrid)

 

 

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