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La comida en verano

La comida en verano
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Hola chicas, ¿qué tal lleváis el verano? Nosotros, casi un mes después de las vacaciones escolares, estamos consiguiendo sobrevivir por el momento. Lo nuestro nos está costando. En el bolsillo - entre campamentos, cursos, talleres, desplazamientos al pueblo, salidas a tomar un helado, una horchata o “un algo”, como dice mi hijo- y en organización en casa, que nos van a dar cualquier día el Master en Gestión y Dirección de empresas, porque los malabarismos que hemos tenido que hacer en el calendario – me sé de memoria por días todo julio y agosto- con trabajos, proyectos personales, actividades de los niños, no lo consigue ni el mejor CEO de una multinacional. Sería capaz ahora de planificar los turnos de trabajo de todos los empleados de una gran compañía.

 

A esto se une que estoy literalmente agotada y no tengo ganas ni de freír un huevo. Por eso en casa intentamos cosas sencillas, rápidas y fresquitas que, por supuesto, no supongan utilizar el horno, y si puede ser, ni la sartén. Estos días estamos comiendo muchas ensaladas de todo tipo (de verduras, de pasta, arroz, legumbres, etc), gazpacho o salmorejo, melón con jamón, pasta, sándwiches (no tiene por qué ser el típico mixto, puedes añadir atún, pimiento asado, lechuga, bacon, pechuga de pollo… ¡lo que tengamos por la despensa!), tortillitas francesas con queso, que nos encantan a todos, y como mucho, dos veces por semana comemos carne, y otras tantas, pescado.

 

Una ensalada muy completa y que les encanta a mis hijos (¡aleluya!) es la clásica César, muy fácil de elaborar. La solemos hacer cuando nos han sobrado pechugas de pollo, entonces las partimos en trocitos y añadimos croutons (pan tostado en trocitos), queso parmesano (si puede ser, si no el que tengas), y lechuga romana. Si no tienes tiempo ni ganas, simplemente la puedes aliñar con aceite, pimienta y un chorrito de limón, pero la verdadera ensalada César es la que lleva su propia salsa, por supuesto, que por otra parte, es muy sencilla de hacer, solo hay que mezclar hasta que emulsionen un poquito de leche (100ml) con aceite de girasol (200 ml), y después añadir mostaza de Dijon, queso parmesano, ½ diente de ajo, pimienta negra, un chorrito de limón, una cucharadita de perejil, y ¡voilá!

 

La receta original incluye también anchoas, yema de huevo y salsa inglesa Worcestershire, pero las primeras no nos gustan, la segunda nunca tenemos ganas de hacerlas, y la tercera, nunca tenemos, y en realidad, la verdadera ensalada César ni siquiera lleva pollo, la que conocemos más es una “americanización” debido a los restaurantes fast-food.

 

A mis hijos les encanta hacer –y comer aún más- las hamburguesitas, otra receta que se hace en un santiamén. Compra siempre carne picada de la carnicería -y si te la pican delante de ti, mejor-, y añades un huevo, pan rallado (opcional), perejil, ajo, aplastas la mezcla, a freír, ¡y listo!

 

Con todo, lo mejor del verano son los postres. La fruta de temporada nos encanta: melón, sandía, cerezas, melocotones, fresquillas, paraguayas, albaricoques…¡una delicia! Pero como no todo iba a ser tan sano, tenemos una debilidad…los helados. Sé que no se debe, ¡pero comemos uno prácticamente todos los días! Uumm, ¡qué placer!

 

Os dejo aquí una receta con helado un poco diferente. En un chupito o vaso bajo pon helado de turrón en el fondo (o el que más te guste), añade cuajada y espolvorea galletas María desmenuzadas por encima, y a la nevera. Es muy rápido, sencillo, muy rico, por si algún día te apetece hacer algo diferente con tus hijos.

 

Y bueno, olvidad mis gruñidos –¡me temo que me desahogo con vosotras a veces!- y disfrutad del verano, la playa, la piscina, el calorcito, los horarios más relajados, los tintos de verano, las cañas fresquitas, los helados, y de pasar más tiempo con vuestros hijos sin los agobios de la rutina diaria escolar. Sed felices! y no olvideis visitar a mamachula este verano!

 

 

 

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